
Unos días de hospital, durmiendo en una incómoda silla, con Laquetecuén recién operada pero roncando como una bendita. Todo ha salido bien, ya estamos en casa. Tenía que avisar en el trabajo para coger los 5 días que me correspondían por hospitalización de un familiar en primer grado. Con mi jefecilla ningún problema, solidaria ella con los delfines y conmigo. Pero la Gran Jefa no sabe nada de mi vida, así que tuve una forzosa salida del armario. Laquetecuén no se operaba de apendicitis, ni de una cadera, sino de los bajos y de algo exclusivamente femenino.
A la pregunta de: Y de qué lo operan? La respuesta más sencilla era: del útero. Y tema zanjado. Pero una no es así de ocurrente, así que previamente me expliqué: Mi pareja es una mujer, la operan de….. Eso sí, exprésate en catalán, que no es mi lengua materna (llevo aquí pocos años) y que solo la utilizo para trabajar por que es la lengua vehicular de esta santa casa. Así que vehicularmente me expliqué y la verdad es que se me quitó un pequeño peso de encima.
He vuelto del trabajo y nadie me pregunta nada, sólo las que saben preguntan cómo ha ido. El resto sólo me ha dicho: Qué tal todo? Y yo digo. Todo bien, muchas gracias con esa mi reconfortante sonrisa de agradecimiento (que es sincera, lo juro). Pienso si lo habrán contado, si no me lo preguntan por respeto y porque yo no lo digo. Y sobre todo pienso: ¿por qué cojones no lo digo?