jueves, 18 de abril de 2013

Jubilata


Tengo una compañera que se jubila ahora. Compartimos el mismo despacho, sólo que ella de mañanas y yo de tardes. Es una buena mujer, con un marido que no la deja conducir por miedo que estropee el coche. Sólo la deja venir hasta la facultad... Y ella pasa de él, pero no coge el coche. Eso sí, como Pepe no quiere tener a nadie en casa para limpiar, se encarga él de la casa: limpieza, compra, comida... Yo creo que es la pequeña gran venganza de Lluïsa, llegar a mesa puesta... y vaya mermeladas que hace Pepe, y vaya caldo... jejeje...

Se jubila, y aquí que son muy proclives a las celebraciones le están organizando una buena despedida, hasta un vídeo en el que participa todo el que quiere, y con guión y diálogos, no os creais.

Es una gran lectora, así que yo le voy enviando libros que me descargo y leemos ávidamente. Y como le gusta mucho leer, le han comprado un libro en blanco, depositado en consergeria, para que cada uno ponga su despedida.

Hoy me he acordado del libro y me he sentado a escribirle.

Para Lluïsa



miércoles, 3 de abril de 2013

lunes, 11 de marzo de 2013

A las cinco en punto de la tarde..

EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

J.R. Jiménez

sábado, 9 de marzo de 2013

Gintonic

Ya está compañera. Nos haremos un Gintonic y brindaremos por ti. Gracias por tu estancia, amiga.

jueves, 7 de marzo de 2013

Déjate ir

Te han sedado, amiga... estás dormida en una cama. Eso sí, estás en tu casa, con tu marido, con tu niña, los que te quieren...

Este lunes me armé de valor y te llamé, quedamos para la Semana Santa, que saldríamos a tomar uns vinos.

Sí, me dijiste,que quiero despedirme de todo el mundo.

Me quedé hecha polvo, y ahora me cuentan que estás dormida.

Déjate ir, por Dios, no sufras más...

lunes, 11 de febrero de 2013

Receta para hacer feliz a una amiga:



Levántate temprano por la mañana y decide que hace mucho frio y que no bajarás a la playa a coger agua.
Desayuna y baja al perro, mientras piensas que tampoco hace tanto frío, que no puedes hacerte la remolona con esa buena amiga.
Coge el coche, conduce hasta la playa y aparca.
Arremangate los pantalones del chandalillo, descalzate, baja las escaleras y pisa la arena para acercarte al mar.
Cágate en todo por lo fría que está la tierra y corre hacia el mar. Entra en él.
Agachate y con decisión intenta abrir el frasco que te has traído para llenarlo de agua de mar. Una vez abierto, llénalo de agua y dirigete tierra adentro
Cágate hasta en tu amiga porque con los pies mojados, la arena no sólo está fría como antes, ahora está heladora (mientras te agachas para rebuscar en tierra alguna concha...). Llega corriendo hasta donde tienes los playeros, los coges y te vas hasta el coche.
Coje la botella de agua que por previsión has llevado y sientate en un banco para lavarte los pies. Sécalos con la toalla que por previsión también has llevado.

Luego sólo te queda encontrar una botellita mona.
Pon dentro el agua y la coquina.

Habrás triunfado.


martes, 29 de enero de 2013

El mismo sol de todos los veranos

No sabría decir cuantos años hace que nos conocemos, pero recordando ahora veo que casi 40 años. Apareció en mi vida cuando mi madre se quedó viuda y sus amigas empezaron a ser viudas también. Y ella era huerfana como yo. Nuestros padres habían hecho la carrera juntos, nuestras madres amigas, y nosotras ya unidas por ese destino de lazos tan familiares.

Y mi madre, que no quería ir de veraneo a ningún sitio donde hubiera ido con mi padre, empezó alquilando un piso en su pueblo, marinero, pescador, cantábrico y milagroso, y casi 40 años veraneando en el mismo pueblo, el mismo mar de todos los veranos, la misma gente de todos los veranos...

Crecimos juntas. Ella era la jipi, la progre, la despistada... mil anecdotas tendré para contarle algún día a su hija, que ahora es íntima de mi sobrina, y nos reiremos de las ocurrencias de su madre, de sus inmensos despistes que nos hacían quedar mal en cualquier sitio.

Cuando murió su madre, fue como si la mía se hubiera vuelto a quedar viuda. Lloramos tanto, nos asustó tanto esa muerte repentina, que durante mucho tiempo me levantaba de la cama para escuchar si respiraba, calladita, desde la puerta...

Ella tuvo un novio de toda la vida que era marqués y de alta cuna, y ella se desenvolvía fatal en aquellos selectos ambientes de la nobleza provinciana. Cuando lo dejaron, lloró mucho, mucho... en poco tiempo se había quedado sin madre, sin hermano, sin novio. Es cierto, acabo de recordar que al poco de morir su madre, su hermano tuvo un accidente de coche que tras unos meses de coma, acabó en el vacío.

Pasabamos los veranos como se deben pasar: playa, bares, discoteca, ligues, juventud, derroches de energía, bailar, desfasar... y tapándonos, encubriéndonos una a la otra, unas a otras, como con todas las de la pandi.

Apostábamos quién sería la más morena cuando llegara el 16 de julio. Ella se echaba de todo: Nivea con iodo, aceite de oliva con vinagre... Estar a su lado en la playa era como haber llevado una ensalada. Brillaban sus piernas con todos los potingues que se echaba. Nunca se había depilado, y ahora veo esas piernas brillantes de aceite y grasa....

Pasó unos años muy malos, muy sola, pero luego encontró a un buen tipo y se casaron. Empezamos entonces a perder contacto porque yo también dejé de ir al pueblo con tanta frecuencia. 

Estos últimos años que volvimos al pueblo, nos reencontramos. Estaba como siempre. Por la tarde, en vez de vino o cañas, se tomaba sus gintónics con la misma facilidad que toda la vida. Su marido, su niña, su pequeña yorkie. Buen trabajo, calidad de vida....

Ahhh, pero faltaba el mismo sol de todos los veranos, que quería cobrarse la deuda de tantos rayos en su piel. 

Se está muriendo. La piel tiene memoria, y a mi me deja sin todos esos veranos de mi juventud.

Maldito sol, maldita piel